Salinas en Dublín

 

México: Política, periodismo y literatura

 

Por Rafael Cardona

Ciudad de México.—Lo interesante ahora sería saber los motivos del ex presidente para irrumpir en el escenario público con un texto eminentemente literario y casi de carácter anecdótico en torno de su manifiesta amistad con el recientemente desaparecido escritor colombiano-mexicano. (¿Colmexiano, se le podría llamar?)

Hace algunos años estuve en Dublín, con Carlos Salinas de Gortari, casi media mañana de un incierto domingo grisáceo y frío. Me citó en una taberna vacía y penumbrosa en cuyo rincón lo hallé hermosamente vestido con una corbata verde, una gorra de lana y un traje impecable. De cuanto hablamos ya no tiene sentido ahora ni ahondar ni recordar. Lo publiqué, para su enojo, en la revista EPOCA y a cambio recibí una cadena de denuestos por el supuesto incumplimiento de un compromiso “off the record”.

Hoy, como entonces, esa discusión ya no tiene sentido. Ni sus palabras conmovieron a las estrellas, ni mi texto influyó para nada en el curso de los planetas y su eterno girar en el infinito. Como la tierra cuya rotación no se fija en nosotros.

Sin embargo esa conversación me regresó a la memoria por el texto de Salinas publicado en un diario recientemente. En aquella charla, además de asuntos relativos a la política, la prisión de su hermano y algunos otros tópicos de aquella olvidada actualidad informativa, Salinas me habló de Joyce y del “Bloomsday”.

—Es dificilísimo leer a Joyce en su idioma. Yo casi no puedo, me cuesta mucho trabajo y muchas consultas”, me dijo aquella mañana.

El “bloomsday” es, como todos sabemos, una fiesta anual para celebrar al personaje central de “Ulises”, Leopold Bloom y se conmemora cada 16 de junio desde 1954. Por eso ayer fue publicado ese texto. Como también todos sabemos “Ulises” es una narración complejísima cuyo desarrollo dura nada más 24 horas y el día la referida fiesta, a la cual ahora sabemos el ex presidente llevó a Gabriel García Márquez, muchos se disfrazan de Joyce, con sombrero, espejuelos y gesto agrio. No sé si García Márquez se caló quevedos o Salinas se dejó crecer en la cabeza el hongo gris de un bombín de fieltro (habría dicho Ramón Gómez de la Serna). No importa.

Lo interesante ahora sería saber los motivos del ex presidente para irrumpir en el escenario público con un texto eminentemente literario y casi de carácter anecdótico en torno de su manifiesta amistad con el recientemente desaparecido escritor colombiano-mexicano. (¿Colmexiano, se le podría llamar?).

Lo único evidente es la diferencia cultural entre Salinas y algunos de sus sucesores. No me imagino a Zedillo, por ejemplo, ocupado en leer a Joyce. Mucho menos a Vicente Fox y ya no digamos a Felipe Calderón cuya atención cuando mucho le da para ir al mundial de futbol.

Salinas tiene otro perfil cultural. Estas líneas lo demuestran:

“Como si todo estuviera dando vueltas (“leit motiv” de “Cien años de soledad”), la conversación durante la visita del Gabo a Dublín hizo posible la convergencia de tres inmortales de la literatura universal… (Joyce, Hemingway y García Márquez)…”, casi todo en torno de la añosa librería Hodges Figgis.

GAMBOA

En torno del debate a la reforma energética el senador Emilio Gamboa asegura: “nos hemos conducido con apego a la ley, respetando, escuchando y atendiendo a todos los actores, es por ello que hasta el momento los dos primeros paquetes han sido objeto de alrededor de 140 modificaciones, lo cual es muestra de que hemos sabido realizar una propuesta incluyente para sacar adelante una mejor ley.

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