ESPAÑA: FELIPE VI, REY

 

PUERTA DEL SOL

119/ 06/ 14

 

Por Raúl Pérez López-Portillo

            Jueves 19 de junio de 2014. Fecha histórica en España. Felipe VI se convirtió ese día en rey, que es como si ya su nombre estuviera escrito en mármol o en piedra, algo difícil de borrar, aunque otros no lo crean. Salvo escasas interrupciones, este país es un reino desde hace más de quinientos años. Será en el siglo XXI anacrónico esta situación, pero es la que es. Francisco Franco se encargó, tras la guerra civil de 1936-1939, de que así fuera, dejando en el trono al padre del actual soberano, Juan Carlos I.

            Juan Carlos I juró guardar y hacer guardar las normas del Movimiento, cuando tomó posesión de la jefatura del Estado, que es como si fuera la Carta Magna de España. La verdadera Constitución, votada por los españoles, vigente, es de 1978. Aquello fue un espejismo, así que Juan Carlos tuvo que desmontar los rescoldos de la dictadura franquista para ganarse el aprecio de los ciudadanos. A pesar de la monarquía, los españoles se sienten ciudadanos.

            Juan Carlos echó mano de Adolfo Suárez para eliminar las barreras fascistas que imperaban en el armazón institucional y social de España, en un entorno con sangre sudor y lágrimas. Los socialistas con Felipe González, hicieron más adelante el “trabajo sucio” posterior, para modernizar el país, con el mismo sufrimiento. José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, hicieron el resto. Hasta hoy.

            Todo cambiaba en España, menos la jefatura del Estado, en manos de un rey que, poco a poco, débil y acosado por sus errores, sacrificó el último aliento político que le quedaba para dejarle a su hijo, el joven príncipe de Asturias Felipe de Borbón y Grecia, de 46 años, la ardua tarea de recomponer la vieja institución.

            El cambio generacional en la jefatura del Estado en España mereció el apoyo de la república mexicana, de acuerdo con las palabras del presidente Enrique Peña Nieto, durante su visita a Madrid. Apoyo a Juan Carlos I, por lo que hizo y a Felipe –su hijo, que reinará como Felipe VI-, por lo que hará.

            La “coronación” que se hizo a marchas forzadas, por lo inédito del caso, y sobre todo, por la aparición de voces opuestas a las formas, cerrará por lo pronto, el debate sobre monarquía o república. Volverá, sin embargo, dado el calendario electoral. El próximo año habrá elecciones municipales y otra vez, se oirá la voz de los ciudadanos. Entretanto, la consulta (“ilegal”) que pretende realizar la Generalidad de Cataluña el próximo 9 de noviembre, para decidir la separación de España, es otro elemento que habrá que contar.

            De ahí, la celeridad con que el peso de las instituciones se ha volcado en el relevo del padre por el hijo, dada la consigna de algunos, de echarle la caballería al rey que abdicó de su cargo. El gobierno conservador de Mariano Rajoy fijará la barrera de protección jurídica a Juan Carlos, pero no evitará las voces contra la representación institucional.

            Madrid, por lo pronto, celebrará el acto con fuertes medidas de seguridad. Felipe VI intentará evitar, cuando el peso de la corona sea suya, tentaciones ostentosas. El país no está para fiestas. No habrá invitados extranjeros de alto rango. Aun así, saldrá al balcón del Palacio Real –acompañado por sus padres, Juan Carlos y Sofía- a saludar a sus partidarios que, sin ser algunos, tan monárquicos, confían en la monarquía porque más vale malo por conocido que bueno por conocer. Juan Carlos y Sofía están excluidos de la recepción oficial –dos mil invitados-. A estas alturas, parece que el rey que abdicó es más un lastre que un apoyo. Ya veremos lo que diga la historia española, tan complicada y llena de grises.

            Los más viejos del lugar temer al cambio de régimen, por la guerra civil pasada. Los conservadores, por no utilizar otra palabra, le achacan a la república la disgregación de España que dio paso al enfrentamiento civil. No debería olvidarse que cayó por un golpe de Estado del ejército encabezado por Franco.

            Pero el “derecho a decidir” (catalán o vasco), y el de los republicanos, está en la mesa del debate, aunque algunos (sobre todo el gobierno) miran para otro lado. Los socialistas son republicanos pero apoyarán a Felipe VI. Es la esperanza. Lo que necesita el país, sometida al capitalismo más brutal que conoce la historia.

            Sin embargo, no olvidemos que el rey reina, pero no gobierna. Su papel de mediador será importantísimo, ante el reto catalán, la enorme corrupción que lima la moral de los ciudadanos y los múltiplos retos que tiene sobre la mesa. Roto el consenso político, pero reconstruido por la coyuntura del cambio generacional en la más alta instancia el país, necesita actualizarse.

El futuro está muy cerca. Lo veremos en noviembre.

raulperezlp@gmail.com