Cuba exporta “ciencia y conciencia”

Cubanos en tiempos del covid-19

Rafael Cardona

18 junio, 2020

Muchas veces una discusión se debe terminar cuando alguien tienen un argumento irrebatible. El maestro Taracena decía siempre, yo estuve ahí. Y la polémica llegaba a su fin. 

Ahora, con este debate sobre los médicos cubanos en México, importados a un alto costo (135 millones de pesos entre 585 personas) , quizá injustificable en tiempos de franciscana austeridad, para atender la epidemia de Coronavirus (para lo cual no hay vacuna ni tratamiento específico, ni aquí ni allá), se ha querido mezclar el componente ideológico de la propaganda cubana con  la atención de los enfermos. 

Y la verdad es simple: Cuba utiliza sus avances en salud como un elemento de propaganda, como lo hizo también con sus éxitos deportivos de antaño, opacados por la deserción de sus atletas.  Todo como un  vehículo de propagación ideológica.

–¿Quién dice eso?

Pues yo se lo escuché a Fidel Castro, quien algo debía saber del tema. 

Fue el primero de marzo de 1999, cuando la antigua base naval americana, convertida en sede de la marina revolucionaria, las instalaciones (más de un millón de metros cuadrados) fueron destinadas a la escuela médica, desde donde (cito textualmente), se iban a “exportar la ciencia y la conciencia”.

Lo de la ciencia es obvio. Lo de la conciencia, también. Y lo dijo Fidel.

Pero más allá de esta contratación del gobierno, impulsada por los grupos más filo castristas de Morena, en ese batidillo tribal de las izquierdas ahí representadas, hay algo sobre lo cual, surgen muchas dudas: ¿de veras necesitamos médicos cubanos o de cualquier otra parte del mundo? ¿Para qué?

En uno de sus innumerables discursos el Señor Presidente denunció (4 de abril), como prueba de la inhumanidad neoliberal la ruina del sistema de salud y la escasez de médicos nacionales, pero también dijo cómo se contrataría a miles de ellos tras capacitarlos. ¿Por fin, hay o no hay?

“…uno de los rezagos que tenemos, una de las herencias nefastas del periodo neoliberal –dijo–, es la falta de médicos especialistas en el país, no tenemos todos los médicos especialistas que requiere el país… “

Y en esa misma sesión Víctor Hugo Borja Aburto, director de Prestaciones Médicas del Instituto Mexicano del Seguro Social, explicó: 

“…Efectivamente, tenemos una escasez de especialistas en muchas de las ramas, esto es histórico. La posibilidad de entrar a hacer una residencia es a través de un examen de residencias médicas y aproximadamente entra entre el 20 y el 25 por ciento cada año de aquellos que buscan entrar a las residencias médicas.

“En 2019, 42 mil médicos generales interesados en hacer la residencia médica, todos estos en su mayoría jóvenes, hicieron el examen y sólo fueron aceptados un poco más de nueve mil…” 

Nueve mil. Los cubanos exportaron 585. ¿Suficientes para auxiliar en la atención de 150 mil 3000 casos acumulados hasta ayer? Parece una gota de agua en el mar. 

“…vamos a procurar que el lunes firmen su contrato (los médicos locales capacitados ) y reciban su primer mes con viáticos…” prometió el SP. 

La única duda es si los pagos serán iguales. A un médico mexicano le dan mensualmente entre 5 mil 387 y14 mil 664 mensuales, excepto en casos notables de especialización, cuando llega hasta los 25 mil, aproximadamente. 

El monto millonario de esta importación resulta al menos imprudente. Y lo mismo sería si los médicos fueran noruegos, chinos o estadunidenses. Lo grave es la dependencia mental del extranjero, como si aquí no pudiéramos hacer nada, lo cual a veces se comprueba con la vista de lo cotidiano.

A pesar de las promesas de la directora del Conacyt, no podemos fabricar respiradores y Marcelo Ebrard necesita un puente aéreo a la lejanísima China hasta para un déficit de cubre bocas cuyo uso declinan su especialista en pandemias y su jefe.

No podemos analizar un  hueso en investigaciones criminales y contratamos para hacerlo a los “Forenses Argentinos” o mandamos las pruebas a Innsbruck, no por un asunto de incompetencia sino de confianza. Nadie le quiere creer a las pesquisas mexicanas. 

 Tampoco somos capaces de investigar un asesinato masivo de narcotraficantes en las tierras gobernadas por la izquierda guerrerense, y acudimos a los interdisciplinarios de la OEA, quienes son expertos en viáticos y gastos millonarios.

Una de las premisas de la impuesta austeridad es limitar los ingresos de cualquiera en el gobierno hasta el tope del sueldo presidencial, excepto en el caso de los cubanos quienes ganan 253 mil pesos, en números redondos.